La tecnología
A comienzos del siglo XVIII las telas que se fabricaban en Europa
tenían como materia prima la seda (un artículo de lujo, debido a su precio), la
lana o el lino. Ninguna de ellas podía competir con los tejidos de algodón
procedentes de la India y conocidos por ello
como indianas o muselinas. Para entonces, la producción de
tejidos de algodón en Inglaterra era insignificante y su importación desde la
India constituía una importante partida de su balanza mercantil. Para competir
con la producción oriental se necesitaba un hilo fino y fuerte que los
hiladores británicos no producían.
Pocos años después surgía la
primera máquina, con la aparición de la estructura de agua de Arkwright
(1870),
Para entonces, Samuel
Crompton había construido una máquina nueva, inspirada en las
anteriores, conocida como la mula, y que producía un hilo a la vez
fino y resistente. El grueso de un hilo se mide por el número de madejas de
768,1 metros (840 yardas) que se puede obtener con 453 gramos de algodón (una
libra). Un buen hilandero podía fabricar 20 madejas y la mula comenzó
duplicando esta cifra para pasar a 80 y poco después a 350, más de 268 km.

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